Desde hace más de una década, el transporte profesional por carretera está implantando una profunda transformación en su gestión empresarial y logística para reducir la emisión de GEI [engloban, entre otros gases, el dióxido de carbono (CO2), que representa el 80%, el óxido nitroso (N2O), el metano (CH4) o el ozono (O3)]. Algunas de ellas son la inversión en vehículos de mayor eficiencia energética; la formación de sus conductores en habilidades de conducción económica; o la apuesta por la alta tecnología para optimizar la planificación de rutas con el fin de minimizar tiempos muertos y recorridos en vacío.

“Todas estas medidas han conseguido que los nuevos vehículos que las empresas transportistas incorporan a sus flotas hayan disminuido sus emisiones de CO2 en los últimos diez años más de un 20% por cada tonelada-kilómetro producida”, explica Ramón Valdivia, director general de ASTIC.

Un sector estratégico
Desde la asociación recuerdan que en España, el 95% del movimiento terrestre de mercancías se realiza por carretera a cargo de algo más de 100.000 empresas operando cerca de 360.000 vehículos, frente al 75% que se registra de media en la UE. Además, remarcan que el sector aporta cerca del 5% al PIB español y da empleo a más de un millón de trabajadores (más de 520.000 son directos).

El enorme valor de su trabajo para la sociedad “solo” genera el 4,5 % de las emisiones de GEI procedentes de la actividad humana de la UE. «Como somos los primeros que queremos que ese “solo” se convierta en “nada”, continuaremos trabajando para conseguir la tan ansiada neutralidad de emisiones en 2050 de la mano de partners como la Unión Internacional de Transporte por Carretera (IRU), que acaba de anunciar un Pacto Verde que fija una hoja de ruta clara para que el sector reduzca sus emisiones de CO? en, al menos, 3.000 millones de toneladas anuales», destaca el directivo de la patronal española del transporte internacional por carretera.

Uno de los aspectos en los que más inciden los expertos para frenar las emisiones en este sector es la renovación de la flota. Según una encuesta realizada entre los afiliados de ASTIC, la edad media actual de sus vehículos desde su matriculación en el 80% de estas compañías es de menos de cuatro años “y estamos hablando de grandes empresas (el 50% cuenta con flotas de más de 100 camiones) que llevan varias décadas operando en el sector”, puntualizan.

2030: presencia significativa de camiones eléctricos o de pila de combustible
En 2018 la Comisión Europea empezó a trabajar en la primera normativa sobre emisiones de CO2 aplicada a vehículos pesados: en 2025 el vertido medio de los camiones nuevos tendrá que ser un 15% más bajo que en 2019 y para 2030 se propone un objetivo de reducción de, como mínimo, un 30% con respecto a 2019.
“Nosotros estamos a favor de cualquier medida que suponga ahorro energético; tanto por un tema de compromiso medioambiental como por una cuestión económica ya que actualmente un tercio del coste total operativo de los operadores de transporte corresponde al gasto en combustible. Y está claro que si ahorramos en combustible, emitiremos menos CO2 y seremos más competitivos”, asegura Ramón Valdivia.

Según datos facilitados por la Asociación de Constructores Europeos de Automóviles (ACEA), aunque las matriculaciones de camiones diésel en 2020 han caído un 25,5% respecto al año anterior siguen siendo el 96,4% del total (casi 235.000 unidades) mientras que los camiones a gas natural y los eléctricos crecieron respectivamente un 5,8% (cerca de las 6.800 unidades) y un 42,1% (1.059 matrículas).
“Aparte del gasóleo, el gas natural y los ecocombustibles, en la próxima década no se vislumbran soluciones vehiculares efectivas y eficientes que puedan estar disponibles, con volúmenes de producción suficientes y fiabilidad contrastada. Un parque rodante de vehículos pesados de largo recorrido impulsados eléctricamente, ya sea con baterías o con pilas de combustible alimentadas con hidrógeno ‘verde’, no es viable a día de hoy porque están a años luz de ofrecer un coste total de operación competitivo. A partir de 2030 sí podemos estar hablando de una presencia significativa de este tipo de camiones en las cifras de matriculaciones anuales; algo en lo que coincidimos con la Agencia Internacional de la Energía, que para un lustro más tarde prevé que el 50% de las nuevas matrículas de pesados correspondan a soluciones eléctricas”, subraya Valdivia.

 

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